lunes, 2 de abril de 2012

18 de Abril de 1822 - Highgate

Era una mañana gris y lluviosa, de esas en las que el frío te cala en los huesos aun sin haber un gran viento fuerte.

Marjorie estaba de pie con un vestido inusualmente negro y un sombrero con plumas igual de negras pero ya estropeadas por la lluvia, aquella lluvia no muy fuerte pero que estropeaba igualmente las cosas.

La cara se la tapaba un velo con encaje negro que no nos permitía ver su rostro aunque lo poco que podíamos ver nos daba la imagen de un semblante mas triste de lo que nos tenía habituados si cabe.

Marjorie sabía que no podía hacer nada mas de lo que estaba haciendo en ese momento exacto, que aunque sola, no podía haber faltado su presencia. No se puede imaginar lo que estaría maquinando su mente ahora, ni sus sentimientos, aunque se puede adivinar.

Seguramente unas viñetas de toda su vida recorrían su cabeza como pequeños fragmentos de todas las fases y épocas que ha estado viviendo, la gente con la que a tomado el té, el romance duradero, la enfermedad y el lugar del que proviene. Sin embargo nada de eso duraba en su cabeza ahora mas que un instante corto y difuminado pues tenía puesta su mirada y toda su atención en algo mas importante, ¿qué iba a hacer a partir de ese día?

No importaba nada ahora su pasado, sus vivencias y experiencias, tendría que aprender a vivir de nuevo y de otra manera a la que no habría estado acostumbrada. Había sufrido mucho en su vida, si, pero esto era diferente, ya se había acostumbrado a todo lo que le habían arrebatado esa misma mañana.

Supongo que pensaría en irse de nuevo al campo, donde vivió las experiencias mas excitantes y felices de toda su vida. Sola, a partir de ya.

Unas campanas empezaron a sonar en un tono grave mientras se podía escuchar el revoloteo de las hojas y los graznidos de alguna especie de pájaro. Esos sonidos inadvertidos por Marjorie, y que quizás sean los sonidos que ella recordaría como la despedida mas sincera y dolorosa para el resto de sus días…

Tenía tanto dolor y odio por dentro al mismo tiempo que no sabia cual de sus emociones expresar, no quería llorar pero le era casi imposible pues sentía como sus lagrimas llegaban a sus ojos y ella intentaba que no brotaran con unas muecas que no la hacían ningún favor; nadie iba a verla como para darse cuenta de que lloraba, lo hacía por ella misma, no quería llorar, no, un escalofrío le recorría la espalda cada vez que cerraba los ojos. Pensaba o no, quizás simplemente se dedicaba a lo que había echo siempre, sobrevivir ante las situaciones, haciendo lo que ha creído correcto siempre, e intentar sobrellevar las cosas como podía. Pero ya no podía mas, se derrumba ante la tierra mojada, un barrizal
frondoso en el que ella estaba metida, pero ya no quería evitar nada, lloraba sin consuelo arrodillada en el barro ensuciándose el atuendo negro azabache convirtiéndolo en inservible ante la atenta mirada de los animales alados que se posaban en alguna rama de un árbol.

Tenía la esperanza de morir en ese instante, bajo la lluvia, le daba igual quien estuviera, quien se pararía a mirar, mejor si no había nadie, ella lloraba sin consuelo tirada en el suelo, alzó la mirada y las manos al cielo en plegaria para que Dios la llevase con él y entonces sucedió algo milagroso, el cielo se abrió en dos, los nubarrones se esparcieron aclarando un fragmento azul, y un rayo de luz, del sol, o del mismísimo Dios, salió de esa tormenta y se proyectó en Marjorie, su cara helada y sucia llena de lágrimas sintió el calor, y ella pudo sentir una paz que no volvería a sentir.

Solamente quería que la quisieran como era, solamente quería que todo se acabase para ella, que la ayudasen, que se pudiese sentir realizada, que alguien se lo hiciese sentir, había sufrido mucho en la vida y quizás los traumas la afectaban mas de lo que deberían. Nunca le habían agradecido nada, una gente ensimismada y abobada en sus cosas no se habían parado a intentar entenderla o mirar desde su perspectiva, ella no podía obligar a nadie a que lo hiciese pero por dentro le rogaba a Dios que alguien por su cuenta lo hiciese. Sentirse útil y que así lo viese el resto del mundo.

Dales Señor, el eterno descanso, y que la luz perpetua los ilumine, Señor.
En Sion cantan dignamente tus alabanzas. En Jerusalén te ofrecen sacrificios. Escucha mis plegarias, Tú, hacia quien van todos los mortales. Dales Señor, el eterno descanso, y que brille para ellos la luz perpetua.

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